No han sido pocas las veces que se han referido al cine con el sobrenombre de la fábrica de sueños, pero acudir a tu sala más cercana para ver el último estreno que te ha llamado la atención lo suficiente como para pagar por verlo puede convertirse en toda una pesadilla. ¿El motivo? Que a tu alrededor habrá más personas, y las probabilidades de que haya gentuza que sólo mira por sí mismo y le da igual lo que les pase a los demás es cada vez más elevada.
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