Desde hace tiempo, cada vez que veo a los tiburones de la manipulación que abordan por la calle a la gente capaces de sacarle los cuartos a una ancianita que ya colaboraba con dos ONG sin despeinarse y sin atisbo de remordimiento pienso en los seductores científicos que, en esas mismas calles, asaltan sin pudor alguno a desconocidas para venderles una película y ver si sacan rédito.
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